Pocos saben que la historia del coche eléctrico se remonta a comienzos del siglo XIX. Aunque hoy pueda parecer extraño, los coches eléctricos convivieron con los de caballos antes que con los de gasolina. Esta tecnología, hoy emblema de modernidad, es en realidad un viaje de persistencia e ingenio que comenzó cuando la electricidad era más un misterio que una herramienta.

Historia del coche eléctrico: Los inicios en el siglo XIX
Todo empezó en Hungría, 1828. Ányos Jedlik, un hombre de mirada curiosa y manos inquietas, conectó un motor electromagnético a un carruaje diminuto. No superaba el paso de un peatón, pero aquel chispazo de genialidad planteó una pregunta revolucionaria: ¿y si los vehículos no necesitaran animales ni vapor?
La idea contagió a inventores como Thomas Davenport, un herrero estadounidense que en 1834 logró mover una pequeña locomotora con electricidad. Este episodio, aunque olvidado, es un capítulo esencial de la historia del coche eléctrico, donde las baterías, pesadas y efímeras, frenaron su avance. La solución llegó desde los Países Bajos en 1835, cuando Sibrandus Stratingh y su ayudante Christopher Becker presentaron un vehículo que, aunque lento, funcionaba sin humo ni relinchos.
Para 1884, las calles de Londres vieron algo insólito: taxis eléctricos. Thomas Parker, su creador, usaba baterías de plomo-ácido recargables, las mismas que décadas después llevarían los primeros submarinos. Era un avance, pero el mundo aún no estaba listo.
Éxito fugaz: El triunfo urbano que se apagó
Imagina Nueva York en 1900: entre el claxon de los coches de caballos y el traqueteo de los motores de vapor, circulaban silenciosos vehículos eléctricos. Eran la opción preferida de médicos y damas de alta sociedad: no vibraban, no olían y arrancaban con solo girar una llave. El periodo dorado de la historia del coche eléctrico quedó simbolizado por modelos como el Columbia Electric, que ofrecía 100 km de autonomía, una hazaña para la época.
Pero entonces Henry Ford cambió las reglas. Su Modelo T de 1908 costaba menos que un sombrero de copa: 850 dólares frente a los 2,000 de un eléctrico. La gasolina se abarató, las carreteras se extendieron y para 1930, los eléctricos solo sobrevivían en fábricas como montacargas. La electricidad había perdido… por ahora.
Historia del coche eléctrico en España: El DAR de 1946
Aunque la mayoría de los desarrollos de automóviles eléctricos ocurrieron en países como Estados Unidos y Reino Unido, en España también se produjo un hito importante en este ámbito. En 1946, en Sevilla, el catedrático Francisco Domínguez Adame Romero, ingeniero e inventor español, fabricó artesanalmente el primer coche eléctrico en menos de seis meses.
El vehículo, conocido como DAR (siglas de Domínguez Adame Romero), logró matricularse con la placa “SE19935” y funcionaba gracias a dos motores eléctricos de 2CV cada uno, uno para cada rueda trasera, alcanzando una velocidad máxima de 50 km/h y una autonomía de aproximadamente 80 km con una batería de 12V y 150 Ah. El DAR era un coche de cinco plazas, aunque su rendimiento óptimo se lograba cuando viajaba solo el conductor.
Domínguez Adame Romero conservó el DAR durante 12 años antes de venderlo al adquirir un Seat 600, el famoso coche que motorizó a España en la posguerra.
El regreso: Litio, conciencia y velocidad
La historia del coche eléctrico resurgió con una batería de móvil. En 1991, Sony usó por primera vez iones de litio en sus cámaras, sin imaginar que aquella tecnología sería la llave para revivir los coches eléctricos. Para 2008, Tesla hizo lo imposible: convertir un deportivo eléctrico, el Roadster, en un objeto de deseo capaz de rivalizar con Ferrari.
Hoy, el cambio es imparable. En Noruega, 8 de cada 10 coches nuevos son eléctricos. La UE prohibirá los motores de combustión en 2035, y marcas tradicionales aceleran su transformación. Las baterías, que han reducido su costo un 80% desde 2010, prometen aún más: desde recargas en 10 minutos hasta sistemas que devuelven energía a la red eléctrica.
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Conclusión: Un viaje de obstinados
La historia del coche eléctrico es un testimonio de innovación y tenacidad. Desde el taller de Jedlik hasta las líneas de producción de hoy, esta historia la escriben personas que creyeron en lo imposible. El DAR sevillano, los taxis silenciosos de Parker y los Roadster que desafían a la gravedad son eslabones de una misma cadena: la que une el asombro del siglo XIX con la sostenibilidad del XXI.
Los datos importan, pero más aún la terquedad de quienes, como Domínguez Adame Romero, construyeron el futuro con las herramientas del presente. Porque la verdadera revolución no está en los motores, sino en no dejar que las limitaciones de hoy frenen el mañana.
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